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Introducción
Haciendo uso de algunos conceptos de S. Freud y J. Lacan, intentaré un recorrido sobre algunas coordenadas de la época, articuladas a dos episodios históricos y sus protagonistas, con el objeto de dar cuenta de la dimensión de eso oscuro en los fenómenos investigados, que no se dirime ni se reduce al campo de lo político – económico, aunque allí es donde ancla sus tentáculos y produce entre otros ámbitos de lo social y singular, sus consecuencias. Para ello me serviré del psicoanálisis como discurso orientador en mi desarrollo, no sin otros textos que acompañarán el recorrido y que se mencionan al momento de ser incluidos.
En principio plantear una distinción en relación a lo que funda o sostiene un funcionamiento social dado en una comunidad determinada. Hay diferencia entre el pacto social que funda la impunidad (la ausencia de sanción sobre determinados hechos de la historia), del pacto social que funda una sanción, como en el caso de los juicios por los crímenes de lesa humanidad (“La sonrisa del dictador”, Delgado, 2011). Dos basamentos distintos que promueven sociedades diferentes en la medida en que están asentadas sobre principios opuestos.
La pregunta en este escrito se orienta hacia un aspecto particular de lo que hace a «esos hechos». El funcionamiento de dispositivo de poder mediante la implantación del terror, usando de modo privilegiado la aplicación del tormento, el sufrimiento sobre los cuerpos. La tortura va directamente al cuerpo y más allá, el mandato de silencio implica no decir «cerrar la boca» y tampoco ver «a ojos vendados» (como la película) para los detenidos-desaparecidos, «ojos cerrados» para la sociedad civil. El mandato de terror también remite a ello y lo podemos situar en el pronunciamiento del Gral. Camps2 cuando decía «no necesitamos matar a 1000, cuando matamos a uno, a 1000 paralizamos de miedo».
Tomar este hecho más reciente de nuestra historia desde esta perspectiva me ha llevado a otro, más antiguo y no por ello menos actual, en cuanto a las consecuencias que de allí se desprenden: la conquista y colonización de ese territorio que será llamado América.
La importancia de la sanción (lo que no equivale a una simple condena, ya que requiere de la investigación, del análisis y la nominación que de allí se desprenda de los sucesos en su real dimensión) es que alcanza a los hechos y a lo ilimitado que se ha puesto en juego, en ese más allá, que desconoce toda barrera, por fuera de una satisfacción sin tope, lo que ha dado lugar a la crueldad, en un intento de bordear, eso innombrable que sólo puede ser circunscrito al infinito, allí donde nada hace límite al goce que se satisface en el acto.
Crueldad, si tomamos como referencia a Clement Rosset, crueldad es la realidad cruda sin ropajes ni velos ni semblantes. Como sustantivo y en relación a su etimología del latín (crudelitas) se liga a inhumano (crudelis, adjetivo), de corazón duro, relacionado a lo crudo, ahí donde corre la sangre equivalente al sufrimiento ajeno, el dolor de una herida abierta, sangrante.
Estos desarrollos abren la puerta a los tiempos actuales y la relación entre los modos que toma la civilización y el cuerpo, como el lugar depositario del tratamiento de la diferencia, la inclusión/exclusión, la segregación y el proyecto de vida social y en comunidad (o no) que promueve.
CUERPOS SECREGADOS I
(Terror–tortura -desaparición)
La pregunta se dirige sobre lo que queda, por lo no sancionado, como resto: ¿Pasa a formar parte de un pacto social que constituye una amenaza sobre los cuerpos?
La interrogación que tomó forma gira en torno al tratamiento de los cuerpos, en y a partir de la dictadura militar del 76/83.
La dictadura militar instaurada en el año 1976 en nuestro país, remite a un estado de cosas donde todas las leyes son suspendidas, así imprime en el campo de lo social otras coordenadas que regularan la existencia, cuya consecuencia, entre varias, ante el avasallamiento de una legalidad por otra, arbitraria, totalitaria, analizaré en este apartado.
Los campos de concentración – exterminio, fueron posibles en Argentina (340) por la diseminación del terror, “el campo es efecto y foco de diseminación del terror generalizado de los Estados totalizantes” (Calveiro, 2008, p. 53). No es sin una sociedad determinada o cierto momento histórico y condiciones, en que se hace posible su existencia. Este es uno de los ejes centrales a los que se dedicará Pilar Calveiro en el libro tomado como referencia central para este escrito en este tema.
Campos y segregación, como el lugar del tratamiento de ese otro al que hay que exterminar, aniquilar de diversos modos, y a la vez desde allí expandir el terror, ya que no son ideados separados, sino pensados en una sociedad receptora de ese mensaje.
La tortura
Más allá de la abolición de la tortura en la Asamblea del año 1813 e integrada en la Constitución Nacional de 1853, la tortura siguió existiendo con diferentes formas y como procedimiento usado fundamentalmente con los presos políticos. Se reproduce aquí la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, en su Parte I. Artículo 1:
A los efectos de la presente Convención, se entenderá por el término «tortura “todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquiescencia.
Con el golpe de Estado del ’76 y la instauración de la dictadura militar, aparece una variante en los métodos represivos: la desaparición de personas, primero dentro de los centros clandestinos de detención, luego la desaparición misma del cuerpo.
La aplicación de sufrimiento sobre el cuerpo y el aislamiento, la separación de los cuerpos, la no – presencia; se instauran también como variaciones en los modos de tortura, cuando por ejemplo, los detenidos eran pareja y un embarazo reciente ubicado como “un deseo
anterior” al encarcelamiento los somete al desafío de resistir a estas nuevas condiciones de opresión, como en el caso de Hilda Nava de Cuesta (Gorini – Castelnovo, 1987).
Dice Calveiro “En tanto ceremonia iniciática, el tormento marcaba un fin y un comienzo, para el recién llegado el mundo quedaba atrás y adelante se abría la incertidumbre del campo de concentración: “(…) una hora antes tenían vida. Al desaparecer ya no tenían vida”, así explicaba el Suboficial Vilariño, la realidad de estos “muertos que caminan” (Calveiro, 2008, pp. 61/62).
Tortura. El tratamiento sobre el cuerpo: “La desnudez del prisionero y la capucha aumentan su indefensión, pero también expresan una voluntad de hacer transparente al hombre, violar su intimidad, apoderarse de su secreto, verlo sin que pueda ver…” (Calveiro, 2008, p. 62). Desaparecen las normas que regulaban el afuera, todo queda en suspenso, “hasta la propia humanidad”, la capucha le impide ver y también en el ocultamiento del rostro lo borran. “Negación de la humanidad de la víctima que es doble: frente a sí misma, y frente a quienes lo atormentan” (Calveiro, 2008, p. 62), en parte dando lugar al funcionamiento de la maquinaria asesina, cada uno “un engranaje” ocupando su sitio, lo que tiende a des responsabilizar a cada uno en su acto (la obediencia debida, el cumplimiento de órdenes fue el argumento por excelencia).
La capucha y la deshumanización – localiza parte del dispositivo de poder y sometimiento que posibilita ese más allá de lo que en algunos casos, el mismo poder sostiene como uso de cierta técnica a los fines de la “confesión” de los detenidos – desaparecidos. Ello va en consonancia con una característica de la implantación de la tortura en este período histórico, y la existencia de los campos de concentración implican la posibilidad de “usarla de manera irrestricta e ilimitada” (Calveiro, 2008, p. 63), es decir, que dejaba de tener importancia la existencia de rastros, huellas, secuelas, lesiones, dejando abierta la alternativa de reiteración. En lo ilimitado se ubica el registro del terror, distinto del miedo que se puede localizar, circunscribir, ese “sin fin, hasta la muerte, o un fin arbitrario que no depende de uno” (Calveiro, 2008, p. 65).
Siguiendo el análisis y los datos que aporta sistematizadamente la autora, Pilar Calveiro, señala que el método “universal” de tormento estaba constituido por la “picana eléctrica”, invento de un argentino, industria nacional, entonces. Sostiene que se ha justificado y argumentado el uso de la tortura en sus distintas modalidades y dispositivos, como un
instrumento ligado a buscar la confesión, y con ella la verdad; en el exceso, en lo ilimitado, en las modalidades perversas y sádicas, en la apropiación del cuerpo del otro, su sometimiento sin extracción de esa verdad buscada, allí más claramente hace su aparición el goce oscuro que no es masificador, aunque caracterice a ese poder concentracionario y que no es sin la existencia de los campos de concentración, es decir que hay una territorialización del dispositivo de poder que se extiende al territorio individual, a los cuerpos de los detenidos – desaparecidos.
Ese más allá, indica el goce oscuro en el que el torturador no es anónimo. Ese goce oscuro que se desprende de lo que Lacan dice en relación al nazismo y las formas del holocausto “son muy pocos los sujetos que pueden no sucumbir, en una captura monstruosa, ante la ofrenda de un objeto de sacrifico a los dioses oscuros” (Lacan, [1964], (1987), p. 282).
Tal vez podamos señalar más claramente “ese más allá” en la diferenciación que nos trae la autora respecto de la modalidad en la implementación misma de la tortura. Pilar Calveiro, ubica “dos mecanismos posibles, en la tortura: el tormento inquisitorial y el tormento como tecnología eficaz, fría, aséptica (…) Los dos pretenden producir la verdad, producir un culpable y arrasar al sujeto pero lo hacen de maneras diferentes. Las dos tocan los cuerpos, extrayendo lo útil para sus intereses y “el desecho del hombre”, pero el modo inquisitorial los destruye más y de modo más brutal, pero “es menos eficiente para extraer, (…) aprovechar hasta la última gota útil de un hombre” (Calveiro, 2008, p. 70).
La misma autora en uno de los capítulos de su libro señala la equivalencia entre los campos nazis y los campos de concentración en nuestro país, en tanto para el ejercicio del “poder concentracionario es tan importante adueñarse de la vida de otros como adueñarse de su muerte” (Calveiro, 2008, cap.: La pretensión de ser dioses, pp. 55/56) y agrega luego, “El poder de vida y muerte es uno con el poder disciplinario, normalizador y regulador. Un poder disciplinario-asesino, un poder burocrático-asesino, un poder que se pretende total, que articula la individualización y la masificación, la disciplina y la regulación, la normalización, el control y el castigo, recuperando el derecho soberano de matar. Un poder que se dirige al cuerpo individual y social para someterlo, uniformarlo, amputarlo, desaparecerlo” (Calveiro, 2008, pp. 59/60).
Desapariciones
Detenido – desaparecido, es un binomio con el cual se da nombre al secuestro de miles de personas en este período de la dictadura militar del 76/83 de los cuales nada se sabía a partir de ser “chupados”, sólo en algunos casos donde pasaron a una detención que dependía del PEN (Poder Ejecutivo Nacional) y esto daba cierto marco que los transformó en ubicables, visibles, empezaban a partir de allí a existir para alguien afuera. La denominación de desaparecido hace referencia a la desaparición de los cuerpos. Sólo con los años y las diferentes vías, la palabra y los testimonios escritos y orales, en juicio, transformados en libros, reconstruyen las coordenadas de lo ocurrido “…en algunos casos se transportaba a los prisioneros, lejos del campo, se los fusilaba, atados y amordazados, y se procedía al entierro y cremación de los cadáveres, o bien a tirar los cuerpos en lugares públicos simulando enfrentamientos” (Calveiro, 2008, Cap.: Los desaparecedores de cadáveres. p. 38), a los que se agregaron, y parece de modo casi mayoritario, los llamados “vuelos de la muerte”, los prisioneros eran llevados en camiones, previo ser inyectados de somníferos, lo cual aniquilaba la posibilidad de resistir, como también eran arrebatos de sus rasgos humanos, singulares, atados, encapuchados, y así en calidad de “bultos” según el propio discurso de los desaparecedores, eran subidos a un avión desde el cual eran arrojados al mar. Esta deshumanización, como el funcionamiento segmentario (intervenían diferentes áreas de las fuerzas) tendía a mantener este engranaje mecánico del dispositivo que a la vez se orientaba en la dilución de responsabilidades, todo ello sostenido en fuertes argumentos que incluían al dispositivo en cierta legalidad. El funcionamiento fragmentario “de la maquinaria asesina” es parte de la experiencia concentracionaria de los poderes totalizantes del siglo (Calveiro, 2008, Cap.: Los desaparecedores de cadáveres, pp. 39/40). “El tormento irrestricto –en su tiempo y en sus formas- fue sólo uno de los muchos límites –morales, económicos, legales, políticos- que se jactó de romper el dispositivo concentracionario…” (Calveiro, 2005, p.145).
La aplicación de los tormentos, en las palabras de P. Calveiro “fue el mecanismo central para alimentar el dispositivo concentracionario con nuevos secuestrados y a la vez, para la autoafirmación de su -necesidad-”.
Luego, cuando los sujetos pasan a ser “…material de desecho….Estaba entonces lista para la fase final: La supresión de la vida biológica y la posterior “desaparición” del cuerpo
mismo, del cadáver” (Calveiro, 2005, pp.144/5).
Los cuerpos como resto, arrojados en las calles, eran el testimonio de lo que ocurría, y sólo así eran nombrados los sucesos en los periódicos, se hacía referencia a personas que desaparecían o cuerpos que aparecían acribillados, atados, tirados en un camino vecinal de tierra o en un barrio dentro de la ciudad, quemados, además de los “enfrentamientos” donde los muertos siempre eran del mismo lado; datos que uno a uno fueron dichos, denunciados, analizados por el periodista, militante y también víctima de la dictadura, Rodolfo Walsh, en su Carta abierta a la Junta Militar a un año del golpe.
El mar devuelve lo que no le pertenece dicen, y así, aún hoy jóvenes van al encuentro de esos restos, devueltos por el mar, posteriormente vueltos a desaparecer en fosas sin nombre, y restituidos en una identidad que llama se enlazan nuevamente a la vida, tomando su sitio, tal vez respondiendo al poeta
Están en algún sitio
Concertados /desconcertados
Sordos/buscándose/buscándonos
(...)
Están en algún sitio
Nube o tumba están en
algún sitio
Estoy seguro3
CUERPOS SEGREGADOS II
(La matanza – el genocidio)
La conquista y colonización de América, es el sometimiento, la dominación y el genocidio, con armas, con enfermedades, la destrucción de comunidades de vida y con ellas el ataque a modos de vida, la sustracción de la tierra instituida en la colonia, tal como lo reclaman aun actualmente diversos pueblos antiguos, originarios, es el ataque a la subsistencia en tanto se les cercena el espacio donde estar, desarrollar, desplegar y mantener una modalidad de vida y la cosmovisión ligada a ello.
Bajo la modalidad del esclavismo o del colonialismo, los llamados indios fueron reducidos a objetos o tomados como sujetos productores de objetos, dos perspectivas de la dominación, con sus adeptos y sostenedores, reproductores de esa ideología, su implementación y sus consecuencias.
En ese panorama, en ese escenario de cosas, ubicaré algunas de las coordenadas del tratamiento de los cuerpos en esos tiempos, y lo que de allí se desprende y llega a nuestros tiempos.
Cuando se habla de la llamada conquista y colonización de América, se liga de modo pertinente como pocas veces en la historia de la humanidad, al término genocidio. Luego de mucho andar, no se han dado argumentos en contra de las cifras que describen la destrucción de las poblaciones originarias de estas tierras, que luego se llamaron América, en el S XVI, es decir, 50 años después de la llegada del conquistador. Los cálculos más certeros y que no han sido cuestionados, están dados por historiadores contemporáneos que por diversos métodos llegan a realizar un cálculo de la población existente antes del desembarco y luego en el contraste con los datos aportados por los censos de los mismos españoles, establecen la diferencia, y esa diferencia, es lo que otorga consistencia al nombre de genocidio: 70 millones de personas desaparecidas. Hay tres formas bajo las cuales desaparece esa mayoría, integrante de los distintos pueblos: homicidio directo, en situaciones de enfrentamientos o por fuera de ellos; a causa de maltratos (donde se incluyen las condiciones de esclavitud en las condiciones de trabajo, que hacía que el promedio de vida fuera 25 años, y que además de ascender la mortalidad, descendiera la natalidad en tanto en esas condiciones por diversas razones no era ni posible ni elegido tener hijos), y por las enfermedades, según Tzevtan Todorov (2009), autor que tomaré como fuente de datos y sucesos, debido al “choque microbiano”. Ahora bien, el riesgo de ese planteo es dejarle la responsabilidad al microbio y como decía el Dr. Ramón Carrillo (sanitarista argentino) “los microbios como causas, son unas pobres causas”. En las condiciones de trabajo esclavizado, las defensas debido a la explotación de sus fuerzas, la mala alimentación y las condiciones ajenas a la vida que habían mantenido hasta entonces, todo ello es favorable para que ahí sí los microbios se transformen en causas de mortalidad y como último eslabón de una cadena que sostiene la maquinaria del avasallamiento y la muerte.
Un asesinato económico dado por el proyecto de hacer capital de parte de los colonizadores. También la destrucción del tejido social tradicional, en México, que es de donde se tienen mayores registros, se transforma en causal de enfermedad que con el deterioro confluye en muchas ocasiones en la muerte.
Además, se registran episodios de crueldad, donde no interviene más que lo ilimitado de la violencia física sobre el otro, sin ninguna otra motivación, aun pudiendo ubicarla a cuenta del deseo de poder en función de lo económico, los actos de crueldad, exceden todo marco y todo límite.
Hay dos episodios que superan toda imaginación cruenta y que a la vez muestran la dimensión de los tormentos.
Uno es relatado por Fray Bartolomé de Las Casas en Historia de las Indias, hecho del que fue testigo, la matanza de Caonao – Cuba, por la tropa de Narváez a la que él está adscrito como Capellán. Un episodio fortuito el día que los españoles llegan al pueblo de Caonao al sentarse a comer en un pequeño arroyo se encuentran con piedras que por sus características permitían afilar las espadas y así lo hicieron, en un momento posterior van a comprobar si las espadas estaban tan afiladas como parecía. Esa prueba se realiza sobre los cuerpos de los animales y de los indígenas, desprevenidos y sin ninguna posibilidad de defensa, sufren la muerte a puñaladas y estocadas, hombres y mujeres, niños y ancianos, llenando con su sangre el arroyo casi seco del lugar, según de Las Casas, algunos hombres eran abiertos por medio de una cuchillada (Todorov, 2009, pp. 171/74).
Y el otro relato, no menos cruel y deshumanizante, corresponde a la expedición de vasco Núñez de Balboa, dice Todorov “transcripto por alguien que ha oído a muchos conquistadores contando sus aventuras: Que como en los mataderos descuartizan las carnes de bueyes o carneros, así los nuestros den solo tajo le cortaban a uno las nalgas, el otro el muslo, o los brazos al de más allá: como animales brutos perecieron(…). Mandó el capitán español entregarlos en número de cuarenta a la voracidad de los perros (Pedro Mártir, III, I)” (Todorov, 2009, pp. 171/74).
El autor se pregunta sobre ¿las motivaciones inmediatas en los españoles en estos actos? Y de allí desprende cierto análisis bajo algunas coordenadas que lo llevan a no quedarse con
la primer respuesta que ubica en “el hacerse rico, muy rico y con rapidez”, señalando que dicho deseo “no es nuevo como tampoco lo es la pasión del oro, que no tiene nada de específicamente moderno. Pero lo que sí es más bien moderno es esa subordinación de todos los demás valores a éste. El conquistador no ha dejado de aspirador a los valores aristocráticos, a los títulos de nobleza, a los honores y a la consideración, pero para él se ha vuelto perfectamente claro que todo se puede obtener con dinero, y que éste no sólo es el equivalente universal de todos los valores materiales sino que también significa la posibilidad de adquirir los valores espirituales” y concluye “esta homogeneización de los valores por el dinero es un hecho nuevo, y anuncia la mentalidad moderna, igualitarista y economicista” (Todorov, 2009, pp. 175/76).
El dios oscuro del mercado, del que nos hablará Jacques Lacan mucho, muchísimos años después y que ya se ha hecho mención, encuentra sus primeros pasos en estos tiempos y en la modalidad de estos actos.
El mismo Todorov, nos aporta desde su mirada y nos deja ver, las coordenadas en que va plasmando su interrogación, y nos dice que la “explotación económica resulta insuficiente” para explicar por ejemplo, la matanza de Caonao, no basta la codicia como argumento de madres ahorcadas y sus niños colgando a sus pies, ni las diferentes y variadas en crueldad modalidades de torturas infringidas, y dice “todo ocurre como si los españoles encontraran un placer intrínseco en la crueldad, en el hecho de ejercer su poder sobre el otro, en la demostración de su capacidad de dar la muerte” (Todorov, 2009, p. 176).
Luego diferencia el homicidio ritual – religioso, del homicidio que llamará ateo, correspondiendo a dos tipos de sociedades distintas, el primero a las sociedades con sacrificio (cuya existencia en estas tierras se probó por ejemplo en el pueblo Azteca) y el segundo, a las sociedades con matanzas (españoles del S XVI).
“El sacrificio se realiza en público y muestra la fuerza del tejido social, su peso en el ser individual” (Todorov, 2009) y posee como condición respecto del sacrificado que no debe ser “ni semejante, ni totalmente ajeno”. Mientras que “la matanza (…) revela la debilidad de ese mismo tejido social, la forma en que han caído en desuso los principios morales que aseguraban la cohesión del grupo. Se realiza de preferencia lejos, ahí donde a la ley le cuesta trabajo hacerse respetar: para los españoles, América… (lejos de la metrópoli)”, y una diferencia más entre homicidio y matanza, éstas últimas no son reivindicadas, más
bien cae sobre ellas el mandato de silencio sostenido en la negación. El fundamento se encuentra en la ausencia de función social, se trata de actos que no remiten a ningún reality si se tensa un poco la pregunta, lo único que aparece a la vista es un acto cruel sin velos (Todorov, 2009, p. 178).
Todorov en ese punto señala que lo que se revela no es una naturaleza primitiva sino un ser moderno, definido en la barbarie humana como anuncio de nuevos tiempos.
Lejos del poder central, lejos de la ley real, caen todas las interdicciones; el lazo social, que ya estaba flojo, se rompe, para revelar, no una naturaleza primitiva, la bestia dormida dentro de cada uno de nosotros, sino un ser moderno, lleno de porvenir, al que no retiene ninguna moral y que mata porque y cuando así le place. La “barbarie” de los españoles no tiene nada de atávico ni de animal; es perfectamente humana y anuncia el advenimiento de los tiempos modernos (Todorov, 2009, p.178). Una barbarie al servicio de la explotación y de una determinada distribución del capital.
Tal vez nos ayude el pensamiento freudiano cuando este decía que dada la hostilidad primaria en el ser humano, no había nada de natural en amar al prójimo, ya que si ello debe funcionar como ley y prohibición es porque no hay allí nada de natural, sino lo contrario, y es lo que lo lleva a decir que la barbarie no se opone a la civilización, sino que hay que pensar la barbarie en la civilización. Sólo, a partir de estas coordenadas, entre otras, será posible abrirnos camino para interrogar estos actos y aportar un decir, no universalizante, sino acotado, posible, desde el discurso del psicoanálisis, un decir entre otros.
CUERPOS SEGREGADOS III
(Arrojados en las calles –restos –mercancía descartable)
Cuando se mencionó la desaparición de personas, ya no como detenidos, sino la etapa que Pilar Calveiro llama de “desecho del hombre…”, ubicando los destinos en los cuerpos como resto, hace pensar en la conclusión de la dictadura en el ’83, y sus rastros, y sus restos. Uno de esos rastros, el económico, trajo consecuencias específicas sobre la vida de las gentes, sobre las condiciones concretas de existencia, que se van agudizando y tomando distintas formas con el tiempo, bajo los diferentes gobiernos subsiguientes (sesgo que no se tomará como análisis en este escrito), así es que poco a poco una escena empezó a poblar la urbanidad.
Las formas de la barbarie
Cuerpos arrojados a la calle, revolviendo la basura, separando, haciendo diferencia entre los desperdicios; los sin techo que duermen en innumerables lugares de la gran ciudad que los excluye, los rechaza, inmigrantes actuales productos de las migraciones internas que no terminan de migrar, si entendemos por ello un proceso que concluye al menos provisoriamente cuando alguien se instala en algún lugar, con un techo, un trabajo e instaura determinado lazo al Otro social.
Restos, como si algo de lo sustraído de la escena social (30000 desaparecidos y millones de ideas) retornara en las calles, deambulando, eternamente, en busca de un lugar, multiplicados en el tiempo y en el espacio.
En el período inmediato posterior a la dictadura, el levantamiento de la censura operante previamente, abrió la puerta a diferentes producciones:
-Sobre el pasado reciente, en tiempos de gobiernos democráticos: La noticia de los campos de concentración, por el modo en que se produce, se da a ver y a escuchar la información en esos primeros momentos, en ocasiones provoca un efecto de saturación y aplastamiento, que en un muchísimos casos, en sujetos particulares, produjo el rechazo de eso negado, haciéndolo permanecer (he ahí la paradoja) en el lugar de lo segregado; de allí lo que resta, pasa al lugar de lo peligroso, en tanto no se inscribe por su nombre, ni se registra en la memoria histórica, dejando abierta la posibilidad del retorno.
-En el cine, la literatura, y tal vez es en los medios de comunicación de masas donde más se encarna y despliega el exhibicionismo (Tv, revistas en los primeros tiempos), “suscitando la mirada” (Lacan, [1964], (1987), p. 282) como dice Lacan. Luego de unos años, vendrán los reality, presentándose como el paroxismo del borramiento de lo público y lo privado, borramiento de esa diferencia ética que se ubica en la frontera. Donde todo puede darse a ver bajo un paradigma de hacer creer que todo es posible de ser visto, el panóptico de la imagen (cámaras vigilantes, ya no es una, sea TV o la del ciberespacio – ese mundo que cobra existencia con la llegada de internet en torno al año 2000-, es la multiplicación de miradas, haciendo de todas UNA, a través de la utilización de cámaras dentro o fuera de los ámbitos privados, construyendo un panóptico cibernético).
–La sociedad del espectáculo de la que hablaba Guy Debord, es actual para ubicar las coordenadas de la época en la apología de la imagen, y la representación de mundo a través de la cual los sujetos se relacionan. El imperativo es “crear imagen” y una verdad que hunde sus raíces en el discurso del que es hija, algo viejo y algo nuevo. Lo viejo, el uso del poder y sus instrumentos como máquina de hacer creer y transmitir una ficción x; lo nuevo, internet, los celulares como máquinas inteligentes en las manos y a un clic de todo y las diferentes redes sociales como aparatos ideológicos del poder y al servicio de lo mismo. No obstante, también allí hay un resto que desborda y da a ver los mundos desde el lugar de quienes lo padecen, el escenario se disputa en imágenes, pantalla tras pantalla.
Y, entonces ¿De qué se trata la realidad? Hay algo que no es posible dar a ver, y ese es un límite, el desconocimiento de lo imposible empuja a cierta locura, en tanto desconoce ese tope. El paradigma de toda mirada es posible, por un lado borra el límite de lo público y lo privado, por lo que da a ver, y por otro lado, presentifica lo obsceno (un fuera de escena), haciendo uso de las cámaras o las letras, ante el horror.
Están los medios de comunicación y las redes sociales aledañas, y lo que nombran como noticia y el tratamiento que de los cuerpos realizan allí.
Paradójicamente, ahí donde supuestamente todo se da a ver, la gran ausente, es la pregunta por la causa, es decir que presentifica de este modo el funcionamiento de un dispositivo de ocultamiento, que en el mismo momento que muestra – oculta.
Carnicería de lo humano, cuerpos despedazados por la imagen, por la palabra, fragmentados en lo real y reproducida su fragmentación a través de la transmisión que de la supuesta noticia realizan los medios masivos de comunicación, multiplicados al infinito en las redes sociales, siendo las redes en muchas ocasiones las productoras improvisadas de La Noticia. Cuerpos despedazados por el lenguaje comunicacional que destroza – mostrando, carente de toda referencia simbólica, esquivando el dato humano, como diría el poeta, el sujeto al que pertenece esa mano, ese río vital que circula por sus venas. «La mano» es la mano de Fito, Santi, Brenda, Morena, Lara, Marcelo, Ángel, Walter, un cuerpo con historia, construido y no sólo nacido biológicamente, con afectos, con sufrimientos, con luchas, con intentos. Lo obsceno, entendido como aquello que va por fuera de escena, implica un relato de los hechos que deshumaniza, desubjetiva y no interroga.
Dice J. A. Miller (2004, Cap. Biología lacaniana) retomando a J. Lacan, que la biología se ocupó años en tratar de mostrar la unidad del cuerpo y ahora “se anuncia el futuro fragmentado del cuerpo, su devenir despedazado…” vía la operación quirúrgica, los trasplantes y sustitución de órganos, incluso la fabricación de órganos como la venta de piel. El despedazamiento a nivel del mercado4, podríamos añadir, incluida la “noticia” del horror.
“Para Freud los órganos del cuerpo eran los cinco sentidos que, precisamente, permitían el conocimiento del mundo. Pero asimismo,…señalaba que la civilización tiene un impacto directo sobre este cuerpo, ampliando sus posibilidades….con ayuda de las herramientas (primeras hazañas culturales) el hombre perfecciona sus órganos –motrices y sensoriales-(…) con las gafas corrige los defectos de las lentes de sus ojos; con el larga vista atisba lejanos horizontes, con el microscopio vence los límites de lo visible, que le imponía la estructura de su retina” (Laurent, 2007, pp.5/6) y así podríamos enumerar las extensiones de sus órganos en la dimensión de su función “ampliación de los poderes del cuerpo” (Laurent, 2007,p. 7),no sin el Malestar que el mismo Freud señaló al interior de la cultura. Cultura a la que podemos poner en consonancia con la civilización, tal como la plantea Miller: un modo común de goce, una repartición sistematizada de los medios y las maneras de gozar, intentos siempre fallidos de atrapar lo inatrapable, de ahí lo inevitable del malestar.
¿Cómo interrogar los modos actuales de ese Malestar en la relación civilización –cuerpo? Hay el empuje y hay el freno.
Asistimos a una época cuyas coordenadas se encuentran atravesadas por diferentes condicionamientos que inciden, en muchos casos, de forma directa en la vida de los sujetos, más si se trata de jóvenes y más aún si pertenecen a sectores más vulnerables determinados en muchas ocasiones por el territorio que habitan. Entre esos condicionamientos se encuentran las sustancias tóxicas como oferta disfrazada de futuro. Barrios populares tomados por el narcotráfico (menudeo o no), en desmedro de otro tipo de
4J. Lacan escribía en 1967 “harían falta a ese cuerpo los excesos inminentes de nuestra cirugía, para que estalle en el sentido común de que solo disponemos de él al volverlo su propio despedazamiento”.
alternativa y ante un estado que se resta. La situación es sumamente compleja y lleva años de un armado que decanta en este presente cada más difícil de atravesar. No es posible abordar esta complejidad de multiplicidad de factores en este escrito, me apoyo en quienes aportan con sus lecturas y análisis para circunscribir cómo estos funcionamientos en la esfera de lo social producen el apoderamiento de los cuerpos, los que pasan a constituir la sede de la apropiación de subjetividades, en tanto sobre ese apoderamiento se erige la segregación que deja afuera a jóvenes muy jóvenes que recién podrían empezar a armar una vida o recomponer senderos que a veces tempranamente se llenaron de piedras. Los cuerpos son los escenarios donde se presentifica la violencia en sus variadas formas y actos, contra sí, contra otros.
Asistimos al quiebre del lazo social justamente ahí donde ante las dificultades, los problemas con la ley, la salud mental, o el conflictivo atravesamiento de un momento tan importante de la vida como lo es la pubertad, las respuestas fallan, no las hay y eso hace la diferencia y constituye un empuje al vacío.
El cuerpo del otro se deshumaniza, transformándose en un objeto sobre el cual se puede volcar el propio goce. Freud, planteaba esa tendencia a la agresión a veces por puro placer como lo que perturba los lazos con los otros “…el ser humano no es un ser manso, amable, a lo sumo capaz de defenderse si lo atacan, sino que es lícito atribuir a su dotación pulsional una buena cuota de agresividad. En consecuencia, el prójimo no es solamente un posible auxiliar y el objeto sexual, sino una tentación para satisfacer en él la agresión, explotar sus fuerzas de trabajo sin resarcirlo, usarlo sexualmente sin su consentimiento, desposeerlo de su patrimonio, humillarlo, infligirle dolores, martirizarlo y asesinarlo. “Homo homini lupus”: ¿Quién, en vista de las experiencias de la vida y de la historia, osaría poner en entredicho este apotegma?”5
La impunidad, la caída de la ley, la devaluación de la autoridad como función de regulación que pone freno a que no todo es posible, promueve y favorece el mandato de todo goce es posible, lo que viene al lugar donde regían los ideales, un empuje a los excesos, a ese plus de goce.
Una sociedad regida por ideales, promueve otro tipo de límites y de tope a ese todo goce es posible. Por ello, la encrucijada se nos presenta bajo las coordenadas de la época actual, con la pregunta que gira en torno, a ¿qué pueda operar como barrera a ese empuje a fin de incluir la diferencia?
Cuerpo
El cuerpo se diferencia y va más allá del orden biológico, del organismo, más bien es eso que se construye sobre el organismo, sobre la cría humana, es justamente lo que humaniza vía la investidura libidinal que con miradas, dichos primeros a través del lenguaje, van siendo puestos en forma y separados de lo biológico, lo cual queda inmediatamente perdido al igual que el grito al transformarse en llamado. Por ello el saber del cuerpo, es un saber distinto al del individuo (el saber de la especie y/o del instinto, lo programado) y lo que comanda es la vía pulsional.
El cuerpo es lo que nos permite estar en el mundo con una presencia. Luego ese modo de estar, podemos decir, que tendrá sus variaciones y coordenadas singulares, localizadas en un mundo en particular.
En el marco de políticas totalitarias, segregacionistas, señalo como uno de sus efectos, el tratamiento sobre los cuerpos, ubicados como resto, cuerpos que van cayendo a la vera de la vida.
La pregunta es ¿qué lo sustenta? ¿De qué se trata el funcionamiento de ese dispositivo?
¿No es la segregación el nombre del tratamiento de ese resto que intentó ser silenciado, negado, ocultado, arrojado al mar o a los perros, enterrado en tumbas sin nombres, tirados–asesinados a la vera de un camino o víctima de un gatillo cada vez más fácil? Lo diferente rechazado en el otro como semejante y en el Otro social, toma diferentes formas, los femicidios, uno por uno, dan cuenta de ese entramado.
Uno de los modos de la segregación es bajo la premisa universalizante, del discurso del para – todos, en tanto queda excluida la diferencia.
J. Lacan, llama a la segregación, manía de la fraternidad, y nos invita a interrogarla, ubicando el origen de la fraternidad en la segregación, que implica separar, dejar afuera. Va a decir: “sólo conozco un origen de la fraternidad, es la segregación (…) todo lo que existe se basa en la segregación, y la fraternidad lo primero, la fraternidad se concibe sólo como fundamento del estar separados” (Lacan, [1970], (2004), p. 121).
Entonces, ¿Podemos pensar esto que está en el origen, como el destino absoluto, en el caso
de quienes se sostienen en este funcionamiento, haciendo de ello, un modo de goce o de civilización, en una sociedad dada?
La segregación en algún punto se vincula con el racismo, en tanto el odio racial se dirige al ser del Otro, no es simbólico, sino que extrae un rasgo, un pedazo de su cuerpo que es el señalado como a partir del cual se instaura la segregación. Este corte que en el caso de la conquista y colonización de América se hacía sobre lo real, llevando al despedazamiento del cuerpo del otro, como de Narváez y sus tropas, en la matanza de Caonao – Cuba, o como en el caso de Colón, ponerlos en serie con la naturaleza y como un elemento más de ella al trasladar a los pobladores originarios a la Corte de España para mostrar los “tesoros” prometedores de estas tierras y así justificar la obtención de mayor financiamiento. Según Miller, los procesos segregativos son las distintas formas de tratar lo inasimilable, que retorna como siniestro.
Cuerpos como depósitos de sustancias, vueltos mercancías, portan el valor del objeto que los vacía de humanidad.
Cuerpos objetos – trata de personas, con fines diferentes: sexuales, expropiación y uso de órganos.
Cuerpos acribillados, los nadies de Eduardo Galeano.
La deriva de los cuerpos, no reducidos al organismo, sino el lugar por donde circula la vida, da una radiografía de los tiempos y modos del poder y de la diversidad de la vida posible o no; los ordenamientos y la distribución de lo material, de los recursos para la vida y de los lugares en el campo de lo social.
Este escrito aún se escribe, lo que sucede con el cuerpo, los cuerpos como sede de la vida y el lugar por donde estalla el lazo social, constituye el horizonte por donde leer el curso de los acontecimientos.
Hay ese más allá del que habló Freud, y que atraviesa la civilización, como eso indomeñable, irreductible, que se localiza en lo ilimitado, eso que Todorov nomina como “la barbarie humana, que anuncia el advenimiento de los tiempos modernos”; y que desde el psicoanálisis se ubica en torno a la presencia del goce oscuro del que habló Lacan, como
eso que irrumpe y que se presentifica en el tratamiento del resto que cada civilización seda en el lugar que otorga al vacío, a lo diferente, y fundamentalmente, si promueve un discurso que haga barrera a la premisa de “todo goce es posible”, caso contrario es pulsión de muerte. El todo es posible, lo ilimitado en el horizonte promete lo peor.
Por eso con Freud, concluyo sosteniendo su pensamiento como horizonte cuando dice que el único deber del ser humano es soportar la vida. No existe algo así como erradicar el mal (Freud,[1915],(1989)). Soportar la vida, es por ejemplo rescatar la voz, como ese resto del cuerpo liberado sólo por momentos, signo de resistencia en la prisión producto de la división subjetiva que en ese caso permite no quedar capturado en el lugar de desecho, que traspasa las rejas y dice, “había compañeros a los que le sabía la vida y no les conocía la cara” (relato de un ex – preso político, detenido en la cárcel de Coronda en alusión a la conversación con su vecino de celda).
La memoria reside en la voz que no cesa, y hace uso de un cuerpo como soporte que le permite su construcción y resonancia y en ese rechinar, se renueva, con cada nueva mirada, que se actualiza con los restos, los escombros como dice Pilar Calveiro, usándolos como “instrumentos potenciales para la construcción de una cosa otra, nueva y única” (Calveiro, 2005, p.155) pisando en el presente y desde allí iluminar diferentes acontecimientos, estableciendo conexiones de modo que hay un
“volver a un lugar que siendo el mismo ya no lo es. (…) La memoria, revive lo pasado, siempre de maneras nuevas, para levantarlo contra las atrocidades del presente. La fidelidad de la memoria reside en esta capacidad de contar distinto cada vez, de traer lo pasado al código del presente, no de repetir. (…) La memoria es de naturaleza virósica, deshace siempre el relato anterior y construye otro porque cuenta cada vez a la luz den presente que reclama nuevas preguntas y que resuena con otros puntos de lo vivido” (Calveiro, 2005, p. 158).
- Voz mapuche: entidad que tiene dominio del mal, que sabe cómo hacer el mal. Aporte de Luisa Calcumil, actriz, dramaturga, cantora y narradora popular. ↩︎
- Ramón Juan Alberto Camps (1927-BuenosAires 20 de marzo de1994), Jede de Policía de la Prov. Bs. As., en la dictadura militar 1976/83. ↩︎
- Mario Benedetti, “Desaparecidos” en Geografías, Ed. Alfaguara.1984. ↩︎
- J. Lacan escribía en 1967 “harían falta a ese cuerpo los excesos inminentes de nuestra cirugía, para que estalle en el sentido común de que solo disponemos de él al volverlo su propio despedazamiento”. ↩︎
- “El hombre es el lobo del hombre”. Tomado de Plauto, Asinaria, II, iv,88. Extraído de Sigmund Freud, El malestar en la cultura, p.108.Tomo XXI, Amorrortu Ediciones, Ed. Buenos Aires 1988. ↩︎
